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Acerca de mjgallardopsicologa

Psicóloga y Psicoterapeuta

Se llama calma…

Se llama calma y me costó muchas tormentas. 

Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda. 

Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar. 

Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar. 

Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría. 

Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar. 

Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar. 

Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.

Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar. 

Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad. 

Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar. 

Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar …

Dalai Lama

Ilustración: @chodam_soo

Una historia Cherokee: Los lobos internos

Un anciano nativo americano, que enseñaba a sus nietos acerca de la vida, les dijo, “Hay una batalla que se desarrolla dentro de mí. Es una terrible lucha entre dos lobos. Uno de ellos representa el miedo, la ira, la envidia, la tristeza, el arrepentimiento, la avaricia, la arrogancia, el remordimiento, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo, la superioridad y el ego. El otro representa la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la participación, la serenidad, la humildad, la bondad, la benevolencia, la amistad, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe. Esta misma pelea -añadió- ocurre dentro de vosotros y dentro de cada persona”. Después de pensar en ello durante un rato, uno de los nietos preguntó a su abuelo, “¿Y qué lobo vencerá?”. El anciano se detuvo unos instantes y luego respondió amablemente. “Aquel al que alimentéis”

La vergüenza es la heroína de nuestra historia

Los traumas son acontecimientos que ya han ocurrido, no importa que los recordemos o no, lo importante es que sufrimos por sus consecuencias.

Como decía Mary Hervey: “Los supervivientes de trauma tienen síntomas en vez de recuerdos“. Estos síntomas pueden ser: depresión, irritabilidad, interés reducido, entumecimiento, insomnio, agitación, pesadillas, flashbacks, sentimientos de inseguridad, culparse a uno mismo, fobias, ataques de ansiedad, abuso de sustancias, trastornos alimentarios, suicidio, autolesiones, trastornos disociativos, etc… y vergüenza.

El caso es que los síntomas nos ayudan a sobrevivir, ¿pero de qué manera?…

La vergüenza es una respuesta de supervivencia, tan crucial para la seguridad como la lucha, la huída y la congelación cuando la sumisión es la única opción.

Los bebes no sienten vergüenza, ésta surge un poco más adelante. Allan Schore, sugiere que la vergüenza se desarrolla en la infancia como un regulador neurobiológico (“sistema de frenado”) que sirve para ayudar a los niños a inhibir el comportamiento potencialmente peligroso. Desde la perspectiva evolutiva, la infancia es una época peligrosa, en la que los niños necesitan responder rápidamente a las señales inhibidoras por su propia seguridad.

“Cuando los padres “reparan” estas experiencias de vergüenza a través de la calma, abrazos y besos, aclaraciones y tranquilidad, la investigación sugiere que aumenta la resiliencia”. Tronick

Pero en entornos inseguros, la vergüenza debe ser utilizada en exceso para regular a la baja las emociones (por ejemplo, la tristeza), las necesidades y cualquier otra conducta que sea inaceptable o insegura en el entorno (así por ejemplo, la vergúenza para instantáneamente las lágrimas). En condiciones de negligencia y/o abuso, se utiliza la vergúenza como forma de control, ya que se consigue (junto con el miedo) una obediencia instantánea.

Cuando no se produce un proceso relacional de corrección, pueden desarrollarse variaciones patológicas en el sistema de apego… el niño está dividido entre la necesidad de sintonía emocional y el miedo al rechazo o al ridículo. Se forma un modelo de trabajo interno de relación en el que sus necesidades básicas son inherentemente vergonzosas“. Herman, 2007

En última instancia, los niños no tienen ningún control sobre los actos de los cuidadores: las experiencias de seguridad, autonomía o maestría son fomentadas por padres con sensibilidad que usan su control sabiamente. Cuando el cuidador es fuente de amenaza, en lugar de consuelo, los niños están excesivamente expuestos a experiencias que fomentan la vergüenza y el dudar de sí mismos. Sin “reparación”, estas experiencias de vergüenza y culpa atroces llegan en algún momento a sentirse “ciertas” o “simplemente quien soy”.

La vergüenza ayuda a impulsar la defensa aninal de sumisión: las respuestas de vergüenza nos hacen apartar la mirada, inclinar la cabeza y colapsar la columna vertebral. La sumisión o “muerte fingida” es la defensa de último recurso cuando estamos atrapados e indefensos. en un entorno en el que no es seguro luchar o huir, la vergüenza permite que el niño se vuelva precozmente obediente, sea “visto y no oído” y se preocupe por evitar “ser malo”. Esta evitación de una conducta potencialmente peligrosa es adaptativa en entornos traumatogénicos.

¿Qué hubiera pasado si no hubiera aparecido?…

Así que la vergüenza nos salvó. No hubiéramos sobrevivido sin ella.

Es la heroína de la historia!

Pues amor!

Me encantan las ilustraciones de Huey Li.

Creo que describen muy bien lo que necesita un niño o una niña cuando llega a casa y me recuerdan que:

Donde hay AMOR no hay miedo y

donde hay rechazo aparece siempre el miedo.

Así durante toda la vida, 

el AMOR proporcionará seguridad psicológica

mientras que el desamor producirá el efecto contrario“.

Compromiso (2): Hijos valientes, hijos resilientes (Texto de Milly Cohen)

Diseñando pasados Recordando futuros

El 16 de octubre publiqué una reseña del nuevo Seminario en Resiliencia que organiza todos los años Milly Cohen en su país y que, en este 2017, se celebrará en menos de un mes.

Reconozco que me aproveché de su gratitud para sacarle un texto suyo para este blog y no tardó ni dos días en mandármelo. Pero decidí retrasar su publicación para que el nuevo post sirviera también de recordatorio del Seminario.

Luego la vida hizo que decidiera tomarme unas vacaciones de reflexionar en público. A día de hoy le doy vueltas a la posibilidad de un Disparefuturo 2.0 pero de momento sólo os dejo este maravilloso (no exagero) texto de Milly. Espero que lo disfruteis tanto como lo hice yo.

Gracias, Cohen. (Al final os dejo de nuevo el “flyer” de ConoSer)

HIJOS VALIENTES

DRA MILLY COHEN

Dra en educación, docente de postgrado, escritora

millyask@gmail.com

Nuestra cultura no es…

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